EditorialEn estos tiempos en que el poder mediático ha encontrado en la imagen y en la palabra una herramienta insospechadamente eficaz y estetizante que instaura el orden aparencial del espejismo, es habitual encontrarnos con textos literarios comerciales que son con frecuencia una invención del mercado, de los medios de información de masas, o de los premios de la política nacional o internacional. La dinamicidad de la vida, su heterogeneidad y multiplicidad pueden reflejarse mediante un discurso que, no dejando de ser racional, incluso a menudo rigurosamente racional, se adueñe de los elementos propios de la literatura, es decir, del ensamble metafórico, la eterna actitud de asombro creadora y hacedora de universos develadores de nuevas formas expresivas a partir de mundos -imaginarios o no- superpuestos.
No es necesario inventar un lenguaje nuevo: el cambio puede realizarse simplemente procediendo a una fluidificación del mismo ya que el sentido vital de la literatura y en particular de la poesía está muy fuera del concepto centro/periferia, y ocupa un espacio trascendental al no responder a poder de ningún tipo. De hecho, es la poesía la que mantiene como pocas artes un record a contracorriente de todo el vocabulario mercantilista de la modernidad.
Según la propuesta de Walter Benjamin de cepillar la historia a contrapelo, -desafío desde lo inalcanzable y lo imposible de cada uno de los que comprometemos nuestra vida en el lenguaje, en la escritura y en sus hondas premisas-, nos transformamos en concelebrantes de ese estado siempre naciente que es la palabra.
Desde Apofántica la literatura en estado naciente es aurora, develación de las formas e imágenes antes que de la palabra. Es la acción ética por excelencia de abrir caminos, y esto significa proporcionar un modo de visibilidad, ya que su premisa fundacional no es tanto ver como dar a ver.
Es por esa razón que en este número 10, Apofántica quiere celebrar la obra de creadores y artífices de singulares modalidades literarias, primigenias y de avanzada; obras que prestigian el honor de las letras, autores que honraron las tradiciones literarias y aquellos que incorporaron, sin eufemismos, estilos que anunciaban inventiva y creatividad por sobre toda otra cuestión.
Celebramos el lenguaje en la existencia de Apofántica y, por extensión, a los escritores y artistas que han confiado en nuestras premisas entregando sus creaciones para su divulgación. Celebramos además a nuestros lectores que fielmente han compartido nuestras propuestas literarias, poéticas y estéticas en cada una de las ediciones.
Pero fundamentalmente, nos celebramos a nosotros mismos por los logros obtenidos a lo largo de estos primeros cinco años de permanencia editorial, evidenciando nuestra entrega incondicional con este proyecto de fusión nacional e internacional, atravesando pasajes de alegrías y sinsabores, de esfuerzo y de compromiso con autores y lectores.
Los escritores, es sabido, transformados en cartógrafos, volvemos a trazar una y otra vez, en diferentes épocas, líneas marcadas con los mismos nombres y las mismas figuras, y al andar con el mapa frente a nuestros ojos se nos presentan los mismos obstáculos, y obtenemos los mismos resultados que otros ya han referido. Y no es que exista de por sí una geografía "mágica" o "sagrada" independiente de nosotros -algunos así lo creen-, sino que son las señales del trabajo de la imaginación creadora.
Por eso, Apofántica es Arte mágica que muta las apariencias de las cosas. Es el testigo sigiloso de la alteridad que acontece en el mundo del pensamiento y de las letras. Es la celebración del lenguaje que en cada número se transforma en una epifanía literaria.
Es la razón por la que en esta décima entrega Apofántica restituye y, al mismo tiempo, intenta resguardar del olvido y la omisión a los hacedores fundamentales de la historia de la literatura recuperando la genuina pertenencia de espacio que les han escamoteado, abarcando así a los más incisivos autores de todos los géneros y épocas, convocando a los apofánticos, esos raros seres imprescindibles con los que transitamos el intento de entender lo inentendible: el amor, la locura, la vida, la muerte. Stella Alvarado
LOS APOFANTICOS DEL NRO. 10
Las voces secretas
Yehudá Ha-Levi: Marinero de Dios
Mevlana Jalal´uddin Rumi
Tukaram y la tradición hindú
La hora de los filósofos durmientes
Bretón y el nacimiento del surrealismo
Los nuevos mundos de Guillaume Apollinaire
Les mamelles de Tirésias
Alfred Jarry: el primer patafísico
El magnificista Saint-Pol Roux
Sublime Benjamin Pèret
José María Hinojosa, y el Creacionismo
Gerardo Diego, borrascas y profecías
Juan Larrea: literatura y obsesión
Juan Eduardo Cirlot: símbolo y hermetismo
El magma poético de Francis Ponge
La transparencia del mal
El desorden metastático, Jean Baudrillard
Kaspar Hauser: un suceso teatral
China: Cincelado de Dragones
Poesía, símbolo y paradigma
Japón: donde la nieve sueña
El Zen en el pensamiento surrealista
Los poetas secretos
Celia Gourinski: la última gracia del surrealismo
Bajarlía: el poeta que descendió del futuro
Arte: Rosa Cedrón